2.4 Friedrich Schleiermacher
Contenido
Parte del curso de Filosofía de la religión.
1. Introducción
Friedrich Schleiermacher (1768-1834) nace cuando Kant comienza a escribir su Crítica. En los mismos años, nacen Fichte (1762), Hegel (1770), Schelling (1775), Hölderlin (1770), Schlegel (1771) y Novalis (1772). Su muerte coincide con la de Hegel (1831) y la de Goethe (1832).
Fue un hombre muy receptivo y abierto a los problemas de su tiempo, abarcando campos como la teología, la hermenéutica, la ética, la pedagogía y la dialéctica. Cuando publica «Sobre la religión. Discursos a sus menospreciadores cultivados» (1799) se debatía sobre religión natural, crítica bíblica, la filosofía de Spinoza, los planteamientos kantianos, la disputa del ateísmo en torno a Fichte, y las ideas de Herder, Novalis, Schelling y Hegel sobre religión y cristianismo. Cuando Hegel da sus lecciones sobre la filosofía de la religión, Schleiermacher publica «La fe cristiana expuesta en conexión con los principios de la Iglesia evangélica» (1821-1822).
Schleiermacher fue educado en una corriente pietista que enfatizaba una religión intimista y vivencial, lo cual dejó una profunda huella en su espíritu. Aunque reprobará las estrecheces y limitaciones del pietismo; y entendía que la religión había de suscitarse, no enseñarse.
Se oponía a la postura de Kant, cuestionando la utilidad y necesidad de los postulados de la razón práctica (libertad, inmortalidad del alma y Dios). La vía moral no era suficiente para restablecer la teología natural. Schleiermacher disocia la religión del saber y de la universalidad, y la individualiza y subjetiviza, confinándola a la autoconciencia inmediata.
Spinoza, que es redescubierto en época de Schleiermacher, también le influyó mucho. La expresión «Uno y Todo» se convierte en lema de la libertad religiosa y Dios se concibe como «Meta-principio de la unidad y la Totalidad». Lo religioso se proyecta en la realidad única, aquí y ahora; teniendo toda ella una religiosidad inmanente; nada hay tan insignificante como para que Dios no se pueda manifestar en ello.
2. Naturaleza y sentido de los Discursos sobre la religión
Sus Discursos sobre la religión (1799), constituyen una de las obras más importantes y representativas en la historia de la filosofía de la religión. En ellos, Schleiermacher realiza un notable esfuerzo por investigar la especificidad del fenómeno religioso con una intensidad pocas veces alcanzada, adoptando una actitud auténticamente fenomenológica.
La obra está dirigida a un público culto e ilustrado que menosprecia la religión, con el objetivo de mostrar su plausibilidad y legitimidad. Recibió críticas por su lenguaje impreciso y retórica exuberante (admiraba a Platón). Los Discursos tienen un marcado carácter existencial (vivencia y autobiográfico) y apologético (se puede ser religioso y protagonista del movimiento cultural a la vez).
Estructurados en cinco discursos: (1) Apología, el más breve, quiere reivindicar la especificidad y autonomía de la religión; (2) Sobre la esencia de la religión, el más largo, expone sus puntos de vista fundamentales sobre el hecho religioso; (3) Sobre la formación con vistas a la religión, la forma de concebir la esencia de la religión condiciona su transmisión y aprendizaje; (4) Sobre la sociabilidad en la religión o sobre la Iglesia y el sacerdocio, tiene valor histórico, sobre la relación Iglesia y estado; (5) Sobre las religiones, habla de las religiones positivas y, en particular, el cristianismo. El enfoque fundamental es filosófico más que teológico, girando en torno a la clarificación de la esencia de la religión y la inmanencia de lo Infinito en lo finito.
En el contexto cultural, el hombre ha alcanzado tanto que ya no necesita de lo «Eterno». La religión se diluía en la moral, la estética, la razón o la filosofía de la cultura y la educación. Rechaza la instrumentalización de la religión y busca mostrar la religión en su pureza originaria, para que sea aceptable (dado que entonces se presentaba muy distorsionada).
Schleiermacher quiere conducir a los «protagonistas culturales» a las «profundidades más íntimas», para que vean de «qué disposiciones de la humanidad» surge la actitud religiosa; pues, aunque no lo crean, la actitud religiosa pertenece a lo más elevado y apreciado. En el repliegue a la interioridad se descubre el lugar originario de la religión, «la provincia propia del ánimo»; para ello, debe librarse de la esclavitud de la escolástica y la metafísica, y de los sistemas teológicos. Lo fundamental es la vivencia religiosa, pues la religión no está en los sistemas.
3. Dios y la religión
Aquí está el núcleo de los Discursos. Para Schleiermacher, la esencia de la religión no consiste en el pensamiento (metafísica) ni en la acción (moral), sino en la intuición y el sentimiento del Universo, de lo Infinito, del Uno y Todo. La religión es definida como «sentido y gusto por lo infinito» (expresión romántica), una actitud de pasividad infantil ante el misterio del Universo. La religión implica una actitud de modestia y de misterio ante las cosas. Ella da universalidad al espíritu humano y una visión integral de la realidad, en contraste con las actitudes intelectualistas (Hegel) y moralizantes (Kant y Fichte).
Schleiermacher defiende la autonomía de la religión respecto a la razón teórica y práctica. La instrucción religiosa (dogmas y proposiciones doctrinales) no tiene para él la importancia que tiene para Hegel. Los sentimientos religiosos deben suscitarse más que enseñarse, por su carácter originario e inefable.
Aproxima el mundo religioso al artístico, especialmente a la música; pues favorecía la sutileza y la espiritualidad. Lo mismo que debía hacer quien quisiera comunicar la religión. Fue criticado por Hegel y sus discípulos por el subjetivismo. Feuerbach dirá que fue el último teólogo cristiano. Pero Schleiermacher buscaba fundamentar la independencia de la religión frente a toda metafísica y moral; por eso prima la «inmediatez» de las convicciones religiosas, manifestadas en los sentimientos.
El objeto de la experiencia religiosa es, en sentido ascendente, la naturaleza (en su inmediatez física), la humanidad y finalmente el Universo, lo Infinito, el Uno y Todo. La religión brota de la relación de lo finito con lo Infinito, y reconoce lo particular como una parte del Todo, como una expresión de lo infinito. Lo finito y lo Infinito no se confunden, pero tampoco son realidades separadas. Frente al problema de Dios, Schleiermacher es ambiguo; quizás por la crisis de su imagen tradicional, su propia inhibición metafísica y la dificultad de dejar espacio a un Dios personal desde las premisas del Uno y Todo.
4. Religión y religiones
En esta parte final de su obra, Schleiermacher analiza el problema de las religiones positivas, especialmente el significado del cristianismo. Señala que es necesario descubrir la religión en las «religiones», a pesar de sus formas precarias. La pluralidad de religiones se debe a que la finitud del hombre no puede agotar la religión; por lo que cada religión positiva constituye una configuración particular de la «religión infinita y eterna».
Schleiermacher protesta contra la preferencia de su época por la religión natural. Presenta al cristianismo como la consumación de la religión, con una visión idealizada y libre del mismo. Sin embargo, considera que las Escrituras cristianas no deben ser un «códice cerrado», sino que podrían enriquecerse con otros libros escritos con la misma fuerza. Reconoce el carácter caduco del cristianismo, aunque se muestra cauto sobre el momento de su consumación.
5. La evolución después de 1799
A lo largo de su vida, Schleiermacher editó otras tres veces sus Discursos, mostrando una mayor aproximación al cristianismo. En 1821 publicó La fe cristiana, donde habla de piedad en lugar de religión, perteneciente al sentimiento o conciencia inmediata. Define la esencia de la piedad como el sentimiento de nuestra dependencia absoluta, en cuanto experiencia límite.